Devoción

En abril de 1882, Padre McGivney, con la autorización de Mons. McMahon, escribió a todos los párrocos de la Diócesis de Hartford. El objetivo primario de la Orden, escribió, era disuadir a los católicos de unirse a sociedades secretas, proveyéndoles mejores ventajas en los momentos de fallecimiento o enfermedad. Instó a cada párroco a ejercer influencia "para la formación de un consejo en su parroquia". Padre McGivney personalmente instaló los primeros oficiales del Consejo San Salvador Núm. 1 en New Haven, en mayo de 1882.

Para mayo de 1883, se había instituido el Consejo Núm. 2 en Meriden, Connecticut, y Mons. McMahon, tan impresionado con la organización, se hizo miembro del Consejo Núm. 11 en 1884, y se desempeñó como capellán del consejo. Para fines de 1885, había 31 consejos en Connecticut.

La dedicación de Padre McGivney a la Orden se hizo evidente con viajes que realizó a todos los sectores de Connecticut y en la correspondencia manuscrita - poca de la cual aún existe - sobre asuntos de los Caballeros de Colón. En la Iglesia de Santa María, a pesar de todo esto, continuaba siendo el enérgico asistente de párroco con un interés constante por los problemas de cada feligrés.

Entonces, en noviembre de 1884 fue nombrado párroco de la Iglesia de Santo Tomás en Thomaston, Connecticut, un pueblo con una fábrica a 10 millas de su ciudad natal. Era una parroquia sumida en deudas, que servía a una feligresía obrera con pocos recursos más allá de su fe. Padre McGivney aceptó la encomienda con mucha oración, dejando atrás sus siete años en la Santa María.

Sus feligreses de New Haven, en una resolución testimonial elaboradamente sobrepuesta en un dibujo de un cáliz y una hostia, declararon que a pesar de las cargas y las aflicciones, su cortesía, bondad y pureza de vida habían "asegurado el amor y la confianza de la gente de la Santa María, que lo seguirán en todo campo futuro de labor".

En seis años subsiguientes en la Santo Tomás, luchó con la deuda de la iglesia y edificó los mismos vínculos estrechos de devoción y preocupación caritativa que había desarrollado en New Haven. Continuó, asimismo, sirviendo como capellán supremo, personalmente involucrado en ayudar a la Orden a extender su matrícula a Rhode Island. Posteriormente, de 1901 a 1939, sus hermanos más jóvenes, Monseñores Patrick y John J. McGivney, sirvieron la Orden como capellanes supremos.

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