Fallecímíento

Padre McGivney, quien nunca fue robusto en cuanto a salud, de repente enfermó con un caso serio de pulmonía en enero de 1890. No cedía. Se probaron diversos tratamientos para enfermedad que lo consumía, pero su deterioro persistía. El joven sacerdote perdió fortaleza física justo cuando la Orden que fundó se encaminaba hacia una vitalidad nueva.

El 14 de agosto de 1890, Padre Michael J. McGivney falleció a la edad de 38 años. En sus 13 años como sacerdote, breves pero intensos, la piedad y compasión de Padre McGivney se ganó el amor de quienes él sirvió como asistente de párroco y párroco. Su inspiración cristiana, liderazgo y vitalidad administrativa le habían conseguido la lealtad y el afecto de los miles que lo conocían como el fundador de los Caballeros de Colón.

Desde el momento que la inició, la organización fortaleció a los católicos en su fe, les ofreció formas de obtener una seguridad económica en un mundo a veces hostil, y los fortificó en su autoestima.

Los Caballeros de Colón, notablemente desarrollados de unos comienzos sencillos en el sótano de una iglesia, hoy combinan el fraternalismo católico con una de las empresas de seguros más exitosas de América. Las cuatro torres de las oficinas centrales internacionales simbolizan el compromiso mundial de la Orden hacia la caridad, unidad, fraternidad y patriotismo. Más de 10,500 consejos fraternales están activos en 13 países.

1.7 millón Caballeros contribuyeron $130 millones y 61 millones de horas de servicio voluntario a causas benéficas durante el pasado año fraternal. Y - como particular resultado de los servicios multifacéticos de la Orden hacia la Iglesia - la junta de directores en 1988 condujo formalmente por primera vez los asuntos de la Orden en una sala que lleva el nombre de los Caballeros de Colón en la histórica Basílica de San Pedro en Roma.

En el primer servicio de recordación para Caballeros fallecidos que se efectuó más adelante en el año en que falleció, se le rindió este tributo: "Fue un hombre de la gente. Sentía mucho fervor hacia el bienestar de la gente, y toda la bondad de esta alma sacerdotal se manifestaba con mayor fuerza en sus incesantes esfuerzos por mejorar la situación por la que atravesaban ... Oh, Reverendo Fundador ... ese solo acto que dio vida a los Caballeros de Colón sin lugar a dudas aseguró para ti regocijo perpetuo y paz eterna".

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