Su Influencia Hoy

¿No ha sido quizás esta unidad de visión y de intentos –basada en la fe y en el espíritu de continua conversión y sacrificio personal– el secreto del crecimiento sorprendente de la Iglesia en este país? Basta pensar en la obra extraordinaria de aquel sacerdote americano ejemplar, el venerable Michael McGivney, cuya visión y celo le llevaron a la fundación de los Caballeros de Colón.

– el Papa Benedicto XVI

“La visión del Padre McGivney sigue siendo tan pertinente como siempre en las circunstancias cambiadas de la Iglesia y la sociedad de hoy.”

– Papa Juan Pablo II

Prácticamente todos los días laicos católicos unidos en una asociación común se reúnen para promover el bienestar de su Iglesia y sus comunidades. Se reúnen en pueblos portuarios de Nueva Escocia, en suburbios de New Jersey, ciudades mexicanas y aldeas filipinas. Algunos ayudarán a familias a pagar enormes cuentas médicas o conseguir ayuda para víctimas de desastres. Otros ayudarán a financiar escuelas católicas o una vida independiente para personas con discapacidades. Otros más organizarán programas de nutrición para niños marginados o servicias de oración para poner fin al aborto.

Son los Caballeros de Colón, el legado del Padre Michael J. McGivney. Los Caballeros y sus familias siempre han mostrado reverencia por el animador de su movimiento laico. Pero desde que la causa de canonización del Padre McGivney comenzó en 1997, con la difusión de su historia de santidad y servicio sacerdotal, la devoción popular por él ha aumentado. La Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington, D.C., agregó un vitral con su imagen.

El Padre McGivney dedicó su vida al bienestar espiritual y físico de los demás, creando los Caballeros de Colón para brindar seguros para la protección de viudas y huérfanos, y el beneficio espiritual de sus miembros y familias. Hoy una cantidad creciente de escuelas, centros médicos y agencias de servicio social con su nombre asocian su trabajo con el carisma de él, y los Caballeros de Colón aseguran las vidas de más de 1,2 millones de hombres, mujeres y niños. El Padre McGivney quería que el corazón y la mente de cada Caballero estuvieran sintonizados con el amor mayor de Dios y su Hijo, tanto dentro de la Iglesia como en la familia. Ese es su legado espiritual.

A través de los Caballeros, el Padre McGivney buscaba formar hombres católicos jóvenes para que fueran buenos esposos y padres. Ha llegado a ser conocido como el Apóstol de los Jóvenes y Defensor de la Vida Familiar Cristiana. Veía que las familias fuertes eran el fundamento de su parroquia, de la Iglesia y de la sociedad en general. Estaba convencido de que el laico católico tenía un papel único en influenciar a la sociedad y en promover los valores que se encuentran en lo que el Papa Juan Pablo II ha denominado últimamente la Cultura de la Vida y la Civilización del Amor. El Padre McGivney no usaba el vocabulario del siglo XXI, pero adoptaba los mismos valores del evangelio que los que afirman los católicos hoy.

Cada vez más, los líderes de la Iglesia se dan cuenta de que parte del genio espiritual del Padre McGivney es que casi un siglo antes que el Segundo Concilio Vaticano tratara el papel importante de los laicos en la Iglesia, el Padre McGivney creó una forma para que los laicos hicieran una contribución sustancial y duradera a sus parroquias, comunidades y a la seguridad física y espiritual de sus familias. Y vio que, al hacerlo, de una parroquia y comunidad por vez, las familias católicas podrían ayudar a construir un mundo mejor.

Fue un hombre que se adelantó a sus tiempos.