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Al Padre Gabriel B. O'Donnell Dominicana, Vice-postulador y Director Guild

Fr. Gabriel B. O'Donnell, O.P. 

Tiempos económicos difíciles causan mucho sufrimiento. Además, las tensiones y los problemas habituales de la vida familiar, la posible pérdida del trabajo, la necesidad de reducir los "extras" que enriquecen la formación de los hijos y la amenaza de no poder pagar la hipoteca de la casa, ponen mayores tensiones en los padres y en los hijos.

Los abuelos no están exentos de dichas tensiones. A ellos les gustaría aliviar la situación, pero no pueden porque sus ingresos fijos, a menudo, se reducen de valor. La clase media de los Estados Unidos, que está acostumbrada a una vida de comodidad, no está preparada para las privaciones que traen los tiempos económicos difíciles. El peligro espiritual es que vemos la recesión económica actual, como una desgracia que se debe sobrellevar hasta que las cosas "cambien", para poder continuar nuestra vida como antes.

Sin embargo, el hombre y la mujer de fe, siempre debe preguntarse: "¿Qué desea Dios que aprenda de esta experiencia? ¿Qué significa esto para mi relación con Él?"

Estas son preguntas que el Venerable Padre Michael J. McGivney meditaba al atender a su feligresía en la Iglesia de Santa María de New Haven, Connecticut, y después como párroco de la Iglesia de Santo Tomás en Thomaston, Connecticut.

Los feligreses de Santa María, principalmente inmigrantes irlandeses, construyeron una bella iglesia, que estaba más allá de sus posibilidades. En aquel entonces, la parroquia era el centro de la vida social católica y espiritual, y la pobreza de la comunidad inmigrante imponía grandes límites en las posibles actividades de la comunidad.

Parte del genio pastoral del Padre McGivney fue su habilidad de encontrar la forma de congregar a las personas, para juntas disfrutar y tener suficiente diversión. A veces era un picnic o un baile en el salón de la parroquia, pero el hombre de Dios quiso que su comunidad disfrutara de la vida, a pesar de su pobreza.

El asunto importante a considerarse no es realmente cuál fue la creatividad pastoral del Padre McGivney, sino su habilidad para guiar a su gente a buscar y a reflexionar sobre los serios asuntos que les imponía su pobreza, su falta de recursos materiales y las consecuentes limitaciones y privaciones que sufrían. Para él, como para todos los santos, la necesidad de depender de Dios en tiempos difíciles era una bendición.

No fue simplemente una cuestión de ser optimista, por el contrario, fue su visión de la fe, que le hacía ver la mano de Dios en todas las situaciones humanas.

¿Dios quizás permite este tiempo de dificultades financieras por nuestro propio bien? ¿Quizás encontremos en nuestra desesperación una unidad familiar y dependencia mutua más profunda? El Venerable Padre McGivney vio que las dificultades que sus feligreses soportaban, podían usarse para guiarlos hacia Dios.

Las escrituras hablan a menudo y elocuentemente del amor particular de Dios hacia los pobres, los olvidados, las viudas y los huérfanos. Estos eran los "clientes" del gran ministerio sacerdotal del Padre Mc-Givney.

Aquellos que sufren privaciones saben que necesitan a Dios para sobrevivir y deben depender de Él en la fe para subsistir con dignidad y por sus propios méritos. Hoy, no podemos decir que Dios ha enviado las dificultades económicas como castigo por nuestros pecados, ni como medios de corrección moral.

Sin embargo, podemos decir que no importa la causa de las dificultades, Dios, en su infinita providencia, usa tales dificultades para revelarnos más acerca de Él, acerca de su amor por nosotros y de cómo vivir en la tierra, en tiempos buenos y en tiempos malos, que es la senda hacia la felicidad eterna.

La vida y la labor del Venerable Padre Michael J. McGivney es un testimonio de la verdad, que uno puede ser feliz y disfrutar una gran vida en unión con Dios, aún cuando esté privado de las necesidades materiales. La esperanza y la confianza en Dios, que les dio a aquellos que estaban bajo su cuidado pastoral, fue fruto de su fe. Esto debe ser también una realidad para cada uno de nosotros.

Por supuesto que esperamos el restablecimiento de la situación económica. Mientras tanto, Dios nos está enseñando a verlo como la fortaleza para soportar la carga que tenemos ante nosotros, la fuerza para confiar en Él y aprender las profundas lecciones acerca de la necesidad de Dios, de depender de Él y de depender de aquellos que amamos, para sostenernos cuando las cosas son difíciles y la esperanza se debilita.

Nuestra cultura de terapia sugiere que hablar acerca de los problemas dentro de la familia es una medicina preventiva. Una conversación acerca de las drogas, del alcohol y de la conducta sexual encabeza la lista de los temas cruciales. Pero quizá antes de todo eso, debemos tener una conversación acerca de los beneficios espirituales de privarse de algunas cosas y de no contar con aquello que estamos acostumbrados. Puede ser tan sencillo como no ir a restaurantes de comida rápida o tan serio como no más lecciones de piano o de baile, no más deportes que requieran equipos o viajes. ¿Cómo puede una familia cristiana aprovechar tales privaciones, como un medio de fortalecimiento espiritual?

Si el Padre McGivney usó la adversidad para guiar a su gente hacia Dios, ¿por qué no podemos hacer lo mismo? Los comentaristas de sociología describen a los nuevos adultos de hoy, con un firme sentido de que tienen derecho a todo. De que están convencidos que la vida debe y deberá proporcionarles todo lo que quieren y que necesitan para vivir en este mundo.

Las dificultades económicas actuales pueden dar una oportunidad, dentro del seno familiar, para abrir una brecha en ese sentido de derecho a todo y ayudar a las próximas generaciones a comprender cuan necesario es tener determinación, dedicación al trabajo y una firme vida de fe, para sobrevivir y tener éxito en la vida. Se puede ser feliz con menos. Cada hombre o mujer puede ser feliz aún cuando no se cumplan todos sus deseos.

Esto es una realidad, sólo si vivimos con fe y aprendemos el significado de una verdadera vida familiar cristiana.

El Padre McGivney es un gran patrón para nosotros al enfrentar las luchas del siglo XXI. Nos enseña cómo encontrar significado en todo el relativismo moral y el materialismo de nuestros tiempos.

Por favor, continúen rezando por un exitoso resultado del examen del milagro reportado y atribuido a la intercesión del Venerable Padre McGivney, que está ahora en Roma.