Del Escritorio

por Padre Dominicano Gabriel B. O’Donnell, Vicepostulador

Fr. Gabriel B. O'Donnell, O.P. 

En estos días, un comentario típico que hacen los católicos a sus sacerdotes se refiere a la "confusión" que experimentan al ver la situación actual del mundo. Las tensiones y las divisiones políticas parecen empeorar y la batahola sobre la ley del cuidado de la salud levantó seriamente el cociente de preocupación de algunos estadounidenses. Dentro de la misma Iglesia, las polarizaciones son fuertes y el implacable ataque de los medios de comunicación por el escándalo sexual de sacerdotes y el fracaso de la jerarquía para manejar la situación apropiadamente, hace que una persona regular se pregunte, "¿Cuánto de esto es verdad? ¿Cuán exactas son las noticias? ¿Quién es realmente culpable? ¿Qué significa esto para mi fe?". Reina una confusión.

La Iglesia católica no está inmune de crisis y ahora, en muchas partes del mundo, la Iglesia de Cristo está fuertemente presionada a contender con el ataque de los medios de comunicación, que parece que nunca se va a acabar. Los asuntos que trae la prensa parecen estar relacionados entre sí. El renovado enfoque en los pecados y crímenes de los sacerdotes acrecentó el asunto del celibato obligatorio del clero y la escasez de vocaciones. La consecuente pérdida financiera por las litigaciones de los casos de abuso en los Estados Unidos, pone en riesgo a las instituciones de la Iglesia y a sus buenas obras. Lo más alarmante de todo es la pérdida de la fe y de la confianza en la Iglesia y en sus sacerdotes, que ha resultado de la seria presión de las recientes noticias, que incluyeron acusaciones al mismo Papa Benedicto XVI.

Los fieles católicos no lo pueden remediar, y se estremecen. ¿Cómo restaurar la fe y la confianza en el sacerdocio y en la misma Iglesia? Sólo regresando a la base de la Iglesia y a sus sacerdotes, acudiendo a Cristo mismo, que es la piedra angular de la Iglesia y es el eterno Sumo Sacerdote, que nunca deja de atender a su rebaño.

Como el mismo Papa Benedicto ha sugerido, al mirar profundamente la fe, la crisis presente se puede entender sólo como una purificación. Dios usa el dolor y el sufrimiento de esta situación para llevarnos a una fe que se basa en nuestra convicción y confianza en Él, en vez de en cualquier ser humano.

Nuestra confianza en la Iglesia se funda en Él, que es la base y la piedra angular, no en cualquier buena obra que se emprende ni en la integridad de sus ministros.

El Venerable P. Michael McGivney vivió en una época en que la Iglesia católica era atacada y los grupos de inmigrantes católicos en particular no eran aceptados en la cultura de ese tiempo. El rechazo y la persecución de ese tiempo fueron el resultado de una total ignorancia y de un craso desconocimiento de la Iglesia. Se hacían calumniosas acusaciones a los sacerdotes y a las religiosas. Hoy, la crisis viene de dentro de la Iglesia, más que de afuera.

Sacerdotes que han traicionado su sagrada confianza y obispos que se les acusa de manejar la situación erróneamente, han precipitado la actual pérdida de la confianza de los fieles. La respuesta del Padre McGivney a esta crisis es el ejemplo que debemos seguir: regresar a la base de nuestra fe, a la persona de Jesucristo, que no tiene pecado.

Sólo Él puede curar las heridas de aquéllos que han sido víctimas de los pecados y crímenes de sus ministros. Sólo Él puede restaurar la confianza de su pueblo. Cristo es la piedra angular en quién ponemos nuestra confianza. En nuestra fidelidad a Cristo está nuestra fidelidad a su Iglesia. Podemos ir esperanzados, porque Él es el autor y el guía de la Iglesia.

Acercarnos de nuevo, en la fe, a Cristo mismo, debe darnos la confianza para analizar la situación con calma y discernimiento. Debemos comenzar a separar lo verdadero de lo falso de las noticias. Sentirse acorralado no es la respuesta y contestar de una manera enojada y con frustración, ciertamente sólo va a ahonda el conflicto. Cada acusación se puede ver como una gracia, si consideramos seriamente su contenido con fe y en la esperanza cristiana, enfrentando la verdad y confrontando lo que es falso.

Éste no es un momento para que los católicos corran y se escondan. Éste es un momento para la verdad. Debemos enfrentar las acusaciones y concretamente decir la verdad, sin importar el número o la atrocidad de los acusadores. Éste es el ejemplo del Venerable P. Michael McGivney y debe ser nuestro camino para el futuro. Dejemos que este sacerdote santo nos inspire a seguir con esperanza y optimismo. Y recemos por la nueva generación de sacerdotes, que serán verdaderamente hombres de Dios y de la Iglesia.

Venerable P. Michael McGivney, ruega por nosotros.