Hacia el Futuro con el Padre McGivney

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El martes 5 de agosto, el padre dominico Gabriel B. O'Donnell se dirigió a los delegados de la Convención Suprema 126 y a las familias de los miembros, para informarles sobre el estado de la causa de canonización del Venerable Padre Michael J. McGivney. A continuación se transcribe el texto de su discurso.

El Libro de la Sabiduría nos dice que “Cualquier cosa que le suceda al hombre justo, eso no le entristecerá”. Los discursos formales del Papa Benedicto XVI y sus encuentros con los jóvenes están marcados por el optimismo. Su más reciente encíclica, Spe Salvi (Acerca de la Esperanza Cristiana), se centra en la virtud de la esperanza.

El sólido mensaje del Santo Padre es muy claro: Existe una poderosa razón para que tengamos confianza en el presente y en el futuro, si tenemos nuestros corazones y nuestras mentes firmemente puestos en Jesucristo, que es nuestro ayer, nuestro hoy y nuestro manana. Este mensaje del Papa llega al corazón de la espiritualidad del Venerable Padre Michael J. McGivney. Desde la última Convención Suprema de agosto de 2007, la Iglesia ha reconocido formalmente sus virtudes heroicas y ha hecho posible este nuevo título para el Siervo de Dios, que es nuestro fundador y nuestro guía espiritual.

Éste es un momento importante de aliento para todos los Caballeros de Colón y sus familias. La Iglesia ratifica el espíritu y la labor del Padre McGivney, así como la fraternidad a la que todos pertenecemos, que es la esencia de todo lo que fue y logró nuestro venerable fundador.

La Base de la Espiritualidad del Padre McGivney

El Padre McGivney fue definitivamente un hombre positivo y optimista en su manera de ver las cosas. Sufrió, como todos, los reveses del rechazo y la crítica, y la posibilidad del fracaso. Su salud física se vio mermada por la carga que pesaba sobre sus hombros, en su afán de buscar maneras de aliviar los sufrimientos de sus feligreses.

Su convicción de que los católicos debían unirse bajo el estandarte del Evangelio para confrontar todo lo que amenazaba a la vida familiar y a los hombres católicos no fue algo que comprendieran enseguida sus companeros sacerdotes ni los obispos. En los primeros anos de su existencia, a fines del siglo XIX, los Caballeros de Colón estuvieron muy cerca de sucumbir, de pasar a formar parte de la larga lista de los proyectos fallidos.

La razón fundamental por la que la Orden no fracasó fue la esperanza y la confianza de un sacerdote de parroquia cuyo optimismo descansaba en la roca de Cristo y de su Iglesia…y por los católicos que lo escucharon y aceptaron su reto. El progreso en la causa de canonización del Padre McGivney es ciertamente una senal de Dios y un signo de la Iglesia de que podemos confiar en su visión y aceptar la misión que ha confiado a sus Caballeros de Colón: es un compromiso con los hombres católicos y un compromiso con la vida familiar católica.

La visión del Padre McGivney fue la de una virilidad cristiana que mana de su fidelidad a Cristo y de su mandamiento de amor. Lo que sigue es la reverencia por toda vida humana y el reconocimiento de la dignidad de toda persona. Por estas verdades básicas los Caballeros de Colón del Padre McGivney emprenderemos una guerra varonil. Tenemos una misión: proteger la vida familiar católica de una manera que incluya no sólo los fundamentos de la reverencia por la vida y la dignidad de la persona humana, sino la intención de transformar el mundo viviendo cada vida a la luz de esta visión y de estos principios.

Nuestra misión es cambiar la sociedad viviendo en ella según ciertos principios que la propia sociedad que queremos transformar no reconoce ni acepta. De hecho, se ha vuelto hostil a la tradición judeocristiana que es la base de la espiritualidad del Padre McGivney. Como sus Caballeros, debemos votar como fieles en las elecciones. Debemos continuar ayudando a los necesitados. Debemos guiar a nuestras familias a comprometerse más con lo que es correcto, lo que es justo y lo que es compasivo. Debemos continuar haciéndolo, porque los Caballeros de Colón del Venerable Padre McGivney pertenecemos a Cristo y a su Iglesia.

Santidad y Misión

En la Jornada Mundial de la Juventud del pasado agosto, el Papa Benedicto XVI presentó un extenso programa a los miles allí reunidos. “Queridos jóvenes”, les dijo el Papa, “el Espíritu Santo sigue actuando con poder en la Iglesia también hoy y sus frutos son abundantes en la medida en que estamos dispuestos a abrirnos a su fuerza renovadora … Pero para lograr este objetivo, queridos amigos, sed santos, sed misioneros, porque nunca se puede separar la santidad de la misión (cf. Redemptoris missio, 90).

No tengáis miedo de convertiros en santos misioneros como San Francisco Javier … o como Santa Teresa del Nino Jesús … Tanto el uno como la otra son «Patronos de las Misiones». Estad listos a poner en juego vuestra vida para iluminar el mundo con la verdad de Cristo; para responder con amor al odio y al desprecio de la vida; para proclamar la esperanza de Cristo resucitado en cada rincón de la tierra.” El Venerable Padre McGivney nos llama a ese gran ideal. Los Caballeros de Colón debemos ser santos y misioneros. Debemos cristianizar nuevamente a nuestro mundo convirtiéndonos en católicos cien por ciento comprometidos con Jesucristo y su Iglesia.

Debemos ser líderes de las familias católicas que están unidas en el amor de Cristo y que siempre están dispuestas a defender los derechos de los más débiles y vulnerables.

!Vivat Jesú