Confesor de Almas

La investigación ha revelado que el Padre McGivney siempre puso su obra sacerdotal de celebrar la misa y los sacramentos, de ministrar directamente a su gente, por encima de todo lo demás. Su abundante caridad fluía de su misa diaria, su oración personal y su confesión frecuente.

Su preocupación por ser un buen confesor para su pueblo fue traída a luz recientemente cuando el Padre Biagio Cretella, un sacerdote retirado de la arquidiócesis de Hartford, Conn., vino a la Iglesia de St. Mary para presentar al Padre Gabriel O'Donnell, el postulador, o promotor, de la causa del Padre McGivney, con un regalo que había estado en su estante de libros durante años. El libro, el manual de San Alfonso Liguori para confesores, ¡había pertenecido alguna vez al Padre McGivney!

En 1875, el año antes de su ordenación, McGivney escribió su nombre en la parte interior de la tapa. Luego de su muerte, el libro pasó a las manos de su hermano menor, Patrick, también un sacerdote. ¿Dónde había estado el libro durante más de 100 años? Simplemente no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que el libro era un libro tradicional que formaba la piedad de los sacerdotes católicos del siglo XVIII y XIX. El descubrimiento de este libro ofrece una perspectiva de la calidad de su ministerio como confesor de almas.

San Alfonso enseñó la importancia de la confesión frecuente para desarrollar una relación íntima con Dios. San Alfonso, como el Padre McGivney, tenía un profundo sentido del horror del pecado y de la posibilidad de la condenación eterna. La expectativa de vida relativamente corta de ese tiempo creaba una atmósfera de urgencia en la preparación para la muerte.

La misión sacerdotal del Padre McGivney era principalmente espiritual. Aun sus obras de caridad, especialmente su tarea monumental de crear los Caballeros de Colón, tenía como su origen y meta una vida de comunión eterna con Dios. La preocupación por la viuda y el huérfano, y por el bienestar de los jóvenes católicos, no era simplemente una expresión del deseo del Padre McGivney de construir un mundo mejor (si bien lo construyó poderosamente). Su preocupación principal fue preparar a su pueblo para el cielo.