Siervo de la Caridad

Anticipar habitualmente las necesidades de los demás es una señal de verdadera caridad cristiana. Dedicar la vida propia a aliviar los sufrimientos de otros y llevar alegría a su prójimo da testimonio de la realidad del amor de Cristo en la mente y corazón de una persona. Este es el patrón de servicio y ministerio que descubrimos en el Padre McGivney al recorrer los sucesos de su vida cotidiana.

El Padre McGivney parece nunca haber cejado en su interés y preocupación por los demás, aun a costa de su propia salud y bienestar. Sólo podemos regocijarnos por el ejemplo que brinda: unido a Cristo en la misa, la oración y el sacrificio, pero nunca alejado de las realidades de esta vida que tanto preocupaban a los miembros de su grey.

Había, en el Padre McGivney, un equilibrio entre lo humano y lo divino. Su capacidad de llorar con los que lloran y alegrarse con los necesitados de alegría y aliento caracterizaba su actitud sacerdotal. Cada uno de nosotros, clérigos y laicos, casados o solteros, necesitamos lograr este tipo de equilibrio, esta integración, en nuestra propia vida.

Dios escucha nuestras oraciones pidiendo ayuda, y escucha la poderosa intercesión de sus amigos, los santos. Aprendamos a invocar la intercesión de esta cura párroco santo, humilde y muy humano para nuestra conversión y crecimiento en la vida espiritual.